NUNCA DEJES IR A QUIEN SUPO TOCAR TU ALMA PRIMERO QUE TU CUERPO...

En el camino tropezaremos con muchas personas, algunas de manera fugaces que no recordaremos ni sus caras  y otras, que se harán sentir al momento, esencialmente por las zonas especiales que ocupan en nuestro corazón.
Aquellos seres humanos que nos acarician el alma, que nos generan esa sensación  de tranquilidad que solo sentimos cuando estamos convencidos de que justo allí, en ese ser, está lo que con gran propiedad, podemos nombrar hogar, son las que sin duda se vuelven en acompañantes indicados  en este viaje llamado vida. Podemos confundirnos varias  veces con las personas que dicen presente en nuestras vidas, pero cuando solo toquen nuestra alma, cuando eso pase, no hay vuelta atrás.
Cuando  alguien una persona  llega a tocar nuestra alma, para alimentarla, para hacerla vibrar, desearemos a  que pertenezca en nuestras vidas. Sin embargo, en múltiples ocasiones la mente se apodera del juego y finalizamos  jugando para ella. Esto pasa  cuando prevalece el temor, orgullo, distancia, las guerras de poder, complejos, cuando no se curan  las heridas del pasado e inconscientemente se traen al presente, no para volverlas  cicatrizar, sino para abrirlas y mostrar cuánto dolor pueden aun causar.
Es por ello que debemos estar atentos a lo que hacemos, porque muchas veces nuestro comportamiento es opuesto a lo que queremos, mencionamos  cosas que no sentimos, nos distanciamos  sin desearlo, nos encapsulamos para que nadie tenga acceso a nosotros y lo que hacemos es alejarnos  cada vez más del lugar  en el cual deseamos  estar.
También aplica al ambiente  en el cual vemos a quien queremos cerca distanciarse y no realizamos  nada para que eso cambie, sino por el contrario, ayudamos  ampliando más la brecha.
Claramente  no podemos detener  a una persona la cual se quiere marchar, sin embargo debemos estar conscientes y ser capaces de identificar, cuándo somos nosotros los que nutrimos  en incrementar  la distancia a través de nuestros actos y omisiones y cuándo le damos más capacidad de acción y decisión a nuestro orgullo que a nuestro amor.
Todos conocemos nuestros puntos límites y sobre todas las cosas debemos preservar nuestra dignidad, pero no confundamos los términos y hagamos lo que nos manda  el corazón por mantener junto a nosotros y alimentar los nexos que nos hagan vibrar en alma, porque definitivamente cualquiera puede acariciar nuestro cuerpo, pero pocos acariciarán nuestra alma...

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