Soltando...

En algún momento de nuestras vidas creemos que el momento en el que estamos viviendo es el peor de todos, pero, se murió alguien? No, verdad?

Con la muerte de un ser querido uno entiende un poco más del dolor de verdad, el dolor de corazón, ya que es un dolor constante y fuerte que nunca llegas a superar. Aprendes a vivir con la ausencia más nunca dejas de extrañar, recordar y necesitar a la persona que te amó desde que naciste o nació.

Ahora, hay otros dolores, esos de amor, esos que duelen en el alma, pero es superable, total, cuántas veces te has enamorado en tu vida? Varias no? No es el fin del mundo cariño, ya has vivido lo peor. Si se acabó, es por algún motivo, si se acabó es porque ya no había más amor que dar.

El último tipo de dolor es el de la pérdida de un amigo, porque los amigos son la familia que uno elige, y tú has elegido tener pocos amigos en tu vida. Menos es más, más calidad, más amor y más confianza. Cuando pierdes un amigo es como si perdieras parte de tu vida, porque nunca podrás volver a recuperar a aquella persona con la que sentiste tanta complicidad..

Pueden haber muchos tipos de dolor, pero nada se compara a la muerte de un ser querido. Porque de ese dolor no te recuperas, no superas, no olvidas... Lo demás es pasajero. Lo demás es reemplazable, así que vamos a ir Soltando todo el dolor ajeno...

Soltando la necesidad de control, hay rendición.
Soltando el dañar, hay perdón.
Soltando la resistencia, hay aceptación.
Soltando la posesión,
hay amor...


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