A la mala...

Me tocó aprender a no esperar nada de nadie, a que es mejor sorprenderme por algo que no espero, que decepcionarme por esperar más de la cuenta; aprendí a no andar mendigando atención, a no recibir amores a medias, a dejar de buscar, dejar de insistir, dejar de pedir; comprendí que a veces, dejar que una persona se quede contigo puede doler más que dejarla ir y que a veces dejar ir a alguien te puede arrancar el alma, partir en millones de pedacitos y te puede doler tanto que nunca más vuelves a ser el mismo. Entendí también que aún esos dolores por más fuertes que parecen, también pasan, que los tiempos son distintos para cada persona, pero que a la larga siempre sale nuevamente el sol y aunque tal vez nunca deja de doler, aprendes a vivir con las heridas. A la mala comprendí que no a cualquiera se le puede llamar amigo, que aún incluso los que se sientan en tu mesa y duermen en tu cama te pueden clavar un puñal, aún esos que les dices hermanos te pueden traicionar, que valen más dos amigos sinceros que cien falsos a tu lado; aprendí a seleccionar mejor a quienes me rodean, a no dar mi confianza a cualquiera, a volverme un poquito más frio, un poco más seca, un poco más dura, un poco más cabrona. Aprendí a caminar sin hacer tanto ruido, a no contarle mis sueños a nadie, a trabajar cada día en silencio, entendí que la gente es envidiosa, es mala, que normalmente no toleran que los demás hagan algo diferente, no se alegran porque les vaya bien, no sonríen con los triunfos ajenos; después de caer tantas veces, aprendí a levantarme en silencio, a no darme por vencido, a no escuchar a los demás, a no hacer caso al qué dirán. Me tocó aprender a la mala, luego de que me destruyeran un par de veces, luego de amar más de la cuenta, luego de no recibir lo que esperaba, luego de que mis amigos me traicionaran, luego de compartir mis sueños y que me desearan el mal, luego de intentar ser bueno y me fallaran. A la mala aprendí a quererme y a entender como quiero que me quieran los demás. Sin importar lo que hayas vivido, recuerda que siempre se puede volver a brillar...

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